jueves, 19 de abril de 2012

19 de abril de 2012

Ayer fue un día movido y un poco raro. Era el cumpleaños de Pimpo. ¡40 ya! Pero como el día anterior habíamos estado sonámbulos después de pasar la noche en Sant Joan de Déu con Uri y eso se había comido las energías y el tiempo para los preparativos, tuvimos que improvisar.

Aunque hacía más de un mes que yo miraba páginas de internet para el regalo (una barbacoa), no llegué a tiempo y tuve que comprar una más sencilla en una ferretería del barrio. (De dónde se deduce que cuando una está segura de algo, más vale hacerlo ya mismo.)

Pero todo tiene su parte buena: pude ir a comprarla con los dos niños. Hicimos de ello un juego emocionante: corríamos por las calles, escondiéndonos de papá (entre la gente, metiéndonos en tiendas) porque lo habíamos dejado en un súper que hay al ladito de la ferretería y no queríamos que nos viese con el paquete antes de hora. 

Conseguimos llegar a la Casa Orlandai, donde habíamos quedado con él, sin que nos viese. Cruzamos por las galerías de Sarrià, que de pronto se habían convertido en un pasadizo secreto, y nos refugiamos en la panadería cuando vimos que estaba a punto de salir del súper. Micaela hacía de oteador, aunque desde su altura y con las prisas de la gente, poco podía otear, la pobre... Pero la diversión llegó más lejos, eso sí.

En el jardín de la casa Orlandai le dejamos abrir el envoltorio, sin sacarla de la bolsa. ¡Qué bien! Podremos hacer barbacoas en el patio. Y sí, ya contamos con el permiso de los vecinos.

Nos fuimos a casa, a preparar una merienda cena de embutidos y pan con tomate, para celebrarlo con sus padres. Ellos trajeron pastel (un brazo de gitano de nata y chocolate) y nosotros pusimos unas velas muy chulas que habíamos comprado con Uri en Sarrià, a la salida del médico: ¡números de chocolate!

Fue una buena tarde.

__________________________________
Hoy estoy en cama, con un virus estúpido y antipático de garganta. Todo el día. Ha venido la mamá, a ayudarme con los niños, un rato por la tarde. Han jugado, se han duchado y nosotros solo estamos deshechos, pero no fundidos sin remedio. 
Yo estoy muy rabiosa, por culpa del banco. No consigo desconectar la cabeza. Tendré que ir a ver al tipo aquel otra vez. 
Ahora ya duermen los dos niños. Pimpo está en el estudio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Feeds